MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA8

DÍA 8

 

V/           En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/           Amén.

V/           El Señor esté con vosotros.

R/           Y con tu espíritu.

 

Invocaciones al Sagrado Corazón de Jesús

 

V/           Modestia del Corazón de Jesús.

R/           ¡Asombra mi corazón!

V/           Obediencia del Corazón de Jesús.

R/           ¡Somete mi corazón!

V/           Paciencia del Corazón de Jesús.

R/           ¡No te canses de mi corazón!

V/           Sagrado Corazón de Jesús.

R/           En ti confío.

R/           Bien conozco que soy frágil e inconstante; sé cuánto pueden las tentaciones contra la virtud más firme;… pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi confianza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de confiar siempre, porque espero igualmente esta invariable confianza.*22

*22 San Claudio la Colombière

 

Oración para todos los días

 

¡Oh Dios!, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor.

R/ Amén.

 

Lectura bíblica: Is 43, 1

 

Y ahora esto dice el Señor, que te creó, Jacob, que te ha formado, Israel: «No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío».

 

Meditación: Amor de Dios, experiencia que transforma el Corazón

 

 

La fuente de todo don perfecto es Dios Amor –Deus caritas est-:

«quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él». La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor».

Somos amados por Dios incluso “antes” de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos “creó de la nada” para  llevarnos  a  la plena comunión  con Él. Lleno de gran estupor ante la obra de la providencia de Dios, el Salmista exclama:

«Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que te cuides de él?». La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno. El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo.*23

*23  BENEDICTO XVI, Mensaje para la XLIX Jornada mundial de oración por las vocaciones, (29- IV- 2012)

Acto de confianza

 

R/           ¡Oh Corazón de Jesús! Pongo toda mi confianza en Ti. De mi debilidad todo lo temo, pero todo lo espero de tu bondad. A tu Corazón  confío  que  proveas  a nuestra  diócesis  y a toda  la  iglesia universal de muchos y santos sacerdotes (u otra petición que se desee). Míralo todo y después haz lo que tu Corazón te diga, deja obrar a tu Corazón. ¡Jesús mío, yo cuento contigo, yo me fío de ti, yo descanso en ti, yo estoy seguro en ti!

 

V/           Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad.

R/           Ten misericordia de nosotros.

V/           Jesús, manso y humilde de Corazón.

R/           Haz nuestro corazón semejante al tuyo.