MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA 22

DÍA 22

 

V/           En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/           Amén.

V/           El Señor esté con vosotros.

R/           Y con tu espíritu.

 

Invocaciones al Sagrado Corazón de Jesús

 

V/           Corazón de Jesús, Puerta siempre abierta.

R/           Adoramos la llaga de tu costado.

V/           Corazón de Jesús, Pastor de nuestras almas.

R/           ¡Nada nos puede faltar!

V/           Corazón de Jesús, Que conoces a tus ovejas.

R/           No dejes de pronunciar mi nombre.

V/           Sagrado Corazón de Jesús.

R/           En ti confío.

R/           ¡Oh  Dios  mío!,  lejos  de  desalentarme  a  la  vista  de  mis miserias, vengo a vos confiadamente, acordándome de que “no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos”*64

*64 santa teresa del niño Jesús y la Santa faz

Oración para todos los días

 

¡Oh Dios!, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

R/ Amén.

 

Lectura bíblica: Sal 69, 21

 

La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hay;

consoladores y no los encuentro.

 

Meditación: Consolar a Cristo

 

Mas ¿cómo podrán estos actos de reparación consolar a Cristo, que dichosamente reina en los cielos? Respondemos con palabras de San Agustín: «Dame un corazón que ame y sentirá lo que digo».

Un alma de veras amante de Dios, si mira al tiempo pasado, ve a Jesucristo trabajando, doliente, sufriendo durísimas penas «por nosotros los hombres y por nuestra salvación», tristeza, angustias, oprobios, «quebrantado por nuestras culpas» y sanándonos con sus llagas. De todo lo cual tanto más hondamente se penetran las almas piadosas cuanto más claro ven que los pecados de los hombres en cualquier tiempo cometidos fueron causa de que el Hijo de Dios se entregase a la muerte; y aun ahora esta misma muerte, con sus mismos dolores y tristezas, de nuevo le infieren, ya que cada pecado renueva a su modo la pasión del Señor, conforme a lo del Apóstol:

«Nuevamente crucifican al Hijo de Dios y le exponen a vituperio». Que si a causa también de nuestros pecados futuros, pero previstos, el alma de Cristo Jesús estuvo triste hasta la muerte, sin duda algún consuelo recibiría de nuestra reparación también futura, pero prevista, cuando el ángel del cielo se le apareció para consolar su Corazón oprimido de tristeza y angustias. Así, aún podemos y debemos consolar aquel Corazón sacratísimo, incesantemente ofendido por los pecados y la ingratitud de los hombres, por este modo admirable, pero verdadero; pues alguna vez, como se lee en la sagrada   liturgia,   el   mismo   Cristo   se   queja   a   sus   amigos   del desamparo, diciendo por los labios del Salmista: «Improperio y miseria esperó mi corazón; y busqué quien compartiera mi tristeza y no lo hubo; busqué quien me consolara y no lo hallé».*65

*65 Pio XI CARTA ENCÍCLICA MISERENTISSIMUS REDEMPTOR

Acto de confianza

 

R/           ¡Oh Corazón de Jesús! Pongo toda mi confianza en Ti. De mi debilidad todo lo temo, pero todo lo espero de tu bondad. A tu Corazón  confío  que  proveas  a nuestra  diócesis  y a toda  la  iglesia universal de muchos y santos sacerdotes (u otra petición que se desee). Míralo todo y después haz lo que tu Corazón te diga, deja obrar a tu Corazón. ¡Jesús mío, yo cuento contigo, yo me fío de ti, yo descanso en ti, yo estoy seguro en ti!

 

V/           Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte.

R/           Ten misericordia de nosotros.

V/           Jesús, manso y humilde de Corazón.

R/           Haz nuestro corazón semejante al tuyo.