MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA 21

DÍA 21

 

 

V/           En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/           Amén.

V/           El Señor esté con vosotros.

R/           Y con tu espíritu.

 

Invocaciones al Sagrado Corazón de Jesús

 

V/           Corazón de Jesús, artífice de la Nueva Creación.

R/           Di una palabra, y mi alma quedará sana.

V/           Corazón de Jesús, divino mendigo de nuestras almas.

R/           Que abramos apenas llames a nuestra puerta y cenemos juntos.

V/           Corazón de Jesús, verde pradera y fuente tranquila.

R/           Sólo Tú tienes palabras de Vida Eterna.

V/           Sagrado Corazón de Jesús.

R/           En ti confío.

R/           ¡Oh Corazón  Sagrado!, yo me escondo en tu seno y ya no tengo miedo, mi virtud eres Tú.*61

*61 Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz

Oración para todos los días

 

¡Oh Dios!, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

R/ Amén.

 

Lectura bíblica:2Cor 4, 11-12

 

Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.

 

Meditación: En virtud de la expiación de Cristo

 

Es necesario no olvidar nunca que toda la fuerza de la expiación pende únicamente del cruento sacrificio de Cristo, que por modo incruento se renueva sin interrupción en nuestros altares; pues, ciertamente,

«una y la misma es la Hostia, el mismo es el que ahora se ofrece mediante el ministerio de los sacerdotes que el que antes se ofreció en la cruz; sólo es diverso el modo de ofrecerse»; por lo cual debe unirse con este augusto sacrificio eucarístico la inmolación de los ministros y de los otros fieles para que también se ofrezcan como

«hostias vivas, santas, agradables a Dios». Así, no duda afirmar San Cipriano «que el sacrificio del Señor no se celebra con la santificación debida si no corresponde a la pasión nuestra oblación y sacrificio».

 

Por ello nos amonesta el Apóstol que, «llevando en nuestro cuerpo la mortificación de Jesús», y con Cristo sepultados y plantados, no sólo a semejanza de su muerte crucifiquemos nuestra carne con sus vicios y concupiscencias, «huyendo de lo que en el mundo es corrupción de concupiscencia», sino que «en nuestros cuerpos se manifieste la vida de Jesús», y, hechos partícipes de su eterno sacerdocio, «ofrezcamos dones y sacrificios por los pecados».*62

*62 PÍO XI, Carta-Encíclica Miserentissimus Redemptor, n.8

 

Acto de confianza

 

R/           ¡Oh Corazón de Jesús! Pongo toda mi confianza en Ti. De mi debilidad todo lo temo, pero todo lo espero de tu bondad. A tu Corazón  confío  que  proveas  a nuestra  diócesis  y a toda  la  iglesia universal de muchos y santos sacerdotes (u otra petición que se desee). Míralo todo y después haz lo que tu Corazón te diga, deja obrar a tu Corazón. ¡Jesús mío, yo cuento contigo, yo me fío de ti, yo descanso en ti, yo estoy seguro en ti!

 

V/           Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados.

R/           Ten misericordia de nosotros.

V/           Jesús, manso y humilde de Corazón.

R/           Haz nuestro corazón semejante al tuyo.