Objeto material y espiritual de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús(III)

El objeto material y objeto espiritual de la devoción al Corazón de Jesús, ¿deben ser honrado separadamente o debemos unirnos en un mismo culto?

Es digno de recordar que Santa Margarita María casi nunca habla del Corazón de carne sin recordar, de alguna manera, el amor de nuestro Señor. Con esto demuestra que, aunque distintos el objeto material y el espiritual, debemos unirnos a nuestros homenajes; y que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en verdad no tiene más que un sol objeto: “El Corazón de carne, recordando de una manera simbólica el amor de Jesús; o si se quiere, el amor de Jesús representado bajo el símbolo de un Corazón de carne.”

 

“Muchos se engañan sobre el objeto de la devoción al sagrado corazón, dice el P. Gallifet. Al oír pronunciar el nombre Sagrado del Corazón de Jesús limitan todos sus pensamientos al Corazón material de Jesucristo. Contemplar este Corazón divino poco más o menos como mirarían a una reliquia Santa. ¡Ah, qué diferente y  magnifica es la idea que se debe tener de este Corazón Sagrado!

 

Por de pronto, es menester considerar este Corazón, como ya se ha advertido, unido íntima e indisolublemente al Alma y a la Persona adorable de Jesucristo, elevado por medio de esta unión a un estado divinísimo, lleno de vida, de sentimiento y de inteligencia.

En segundo lugar, se le debe considerar como el más noble y principal órgano de los afectos sensibles de Jesucristo, de su amor, de su celo, de su obediencia, de sus deseos, de sus dolores, de sus alegrías, de sus tristezas; como el principio y trono de todas las virtudes del Hombre-Dios.

En tercer lugar, se le debe considerar como centro de todos los sufrimientos interiores que le ha costado nuestra salvación; y además, como herido cruel mente por la lanzada que recibió sobre la cruz.

Por último, se le debe considerar cómo santificado por los dones más preciosos del Espíritu Santo  y por la infusión de todos los tesoros de la gracia de que es capaz.

Todo esto pertenece, realmente, a este Corazón divino; de aquí es de dónde saca su dignidad, su Valor, su excelencia; y por consecuencia, todo está de entrada en el objeto de la devoción al Corazón de Jesús. Este Corazón así dispuesto, así abrasado, así afligido, así herido, es el objeto verdadero de la devoción.

Debemos contemplar, por consiguiente, este admirable compuesto, que resulta, del Corazón de Jesús, del Alma y la Divinidad que le están unidas; de los dones y las gracias que encierra; de las virtudes y afectos de que es principio y trono; de los dolores interiores de que es centro, de la llaga que recibió sobre la cruz; he aquí el objeto completo que se propone al adoración  y al amor de los fieles, objeto evidentemente el más santo, el más grande, el más sublime, el más divino, y al mismo tiempo el más dulce, el más amable, el más tierno que es posible imaginar.”

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Del libro “Reinado del Sagrado Corazón”