Necesidad de unir el amor de la Cruz al amor del Sagrado Corazón. (Tercera parte)

Frutos que produce llevar con amor la Cruz

 

La Cruz, llevada con amor como consuelo del cristiano en esta vida

Santa Margarita, parece inagotable cuando habla de los beneficios del amor a la Cruz.

“¡La Cruz!,exclama, nada veo que suavice tanto la prolongación de la vida, como sufrir amando. La vida no es amable sino por esto; no debemos desear vivir sino para tener la dicha de sufrir. No puede haber otro placer que amar a Dios y sufrir en este amor, sobre todo, las preciosas humillaciones que nos atraen el olvido y el desprecio de las criaturas.”

“En una palabra, Jesús, su amor y su Cruz constituyen toda la felicidad de la vida. Confieso que si estuviese un solo momento sin sufrir, creería que mi divino Salvador me había olvidado y abandonado. ¡Ah, qué cruel es vivir sin amar al soberano Bien y sin sufrir por su amor!”

“No perdamos ni un momento de nuestros trabajos, porque en esta vida nada veo más precioso para un corazón que ama Dios y que quiere ser amado de Él, que las cruces; sin ella  la vida sería para mí insoportable. No podría vivir sin sufrir.”

Santa Margarita presenta el camino de la cruz seguido con amor, como el más corto y seguro camino de la perfección.

Afirma que un alma adelanta más en la perfección en un mes y hasta en una semana de penas y aflicciones, aceptadas con humilde y amorosa sumisión a la voluntad divina, que en un año entero pasado en dulzuras y consolaciones sensibles.

“Estoy convencida, dice, y los que han hecho la prueba lo confesarán conmigo, de que así se anda mucho camino, sin reparar en ello. ¡Somos felices si sabemos llevar, amar y acariciar la Cruz de nuestro Señor! Cuando hayamos adquirido perfectamente esta ciencia, conoceremos y haremos todo lo que Dios quiere de nosotros.

No se necesita más que amar a este Sancta Santorum, para llegar a ser Santo. ¿Quién nos impedirá serlo, puesto que tenemos corazones para amar y cuerpos para sufrir?”

Jesús crucificado 

La Cruz nos une al Corazón de Jesús

Este es uno de sus principales frutos.

“Nada, dice la Santa, nos une tanto al Sagrado Corazón de Jesús como la Cruz.”

“La Cruz es útil en todo tiempo y en todo lugar para unirnos a Jesucristo, sufriendo y muriendo la muerte de nuestro amor. Un día me dijo nuestro Señor:

Amo tantísimo la Cruz, que no puedo menos de unirme estrechamente con aquellos que la llevan como yo y por amor mío.”

La Sierva de Dios compara el envío de las cruces a las visitas del amigo que nos hace Nuestro Señor.

“El Sagrado Corazón, dice, está más cerca de nosotros cuando sufrimos que cuando gozamos. Las humillaciones, las angustias, la pérdida de las personas queridas son las visitas del Señor. Cuando nos acontezca alguna pena, aflicción o mortificación, digámonos a nosotros mismos: toma lo que el Sagrado Corazón te envía, para unirte a Él.”

“Un día, después de la sagrada Comunión, tuve esta visión, en la cual mi Divino Maestro me dio a entender:

Que cuántas veces hallase la cruz y la pusiese por amor en mi corazón, otras tantas hallaría y sentiría su presencia en él, porque la acompaña a todas partes siendo el verdadero carácter de su amor.

Estas palabras de tal modo encendieron en mi alma el deseo de sufrir, que todo lo que después he sufrido me parecía una gotita de agua que avivaba la insaciable sed que sentía, en lugar de refrigerarla.”

La Cruz aparta los obstáculos que se oponen al amor divino, purificandonos de nuestras faltas y pagando nuestras deudas para con Dios; este es el cuarto beneficio.

“Quiero deciros esta palabra”, escribía Santa Margarita a varias personas, informada de las pruebas a que estaban sometidas: “las penas interiores aceptadas con amor son como fuego purificador que va consumiendo insensiblemente en el alma todo lo que desagrada al Sagrado Corazón de Nuestro Señor; Él se sirve de estos medios para santificarla, con tal que ella haga un santo uso de ellos.”

“Al encomendaros ayer a nuestro Señor, decía a una de estas almas afligidas, me vino esta idea a la mente:

Que sea fiel en su camino, sufriendolo todo sin quejarse, puesto que no puede ser del número de los perfectos amigos de mi Corazón si no es purificada y probada en el crisol del dolor.

Él pretende probaros como el oro en el crisol, como el fin de poneros en el número de sus más fieles siervas.”

“La Cruz es el trono de los verdaderos amigos de Jesucristo. Verdad es que yo no estoy en ella así, pues estoy por mis pecados; mas no importa; con tal de que suframos con Jesucristo, por amor suyo y según su voluntad, esto debe bastar.”

“Cuento en el número de las mayores misericordias que la adorable Corazón de Jesús ejerce sobre mi alma esta qué me hace ver sufrir aquí en la tierra, dándome con ello alguna semejanza con su vida paciente. Por este medio espero disminuir algo de la enorme deuda en que he incurrido por mis pecados.”

La Cruz es manantial de méritos para el Cielo

Esta quinta ventaja es digna coronamiento de todas las demás.

Por la Cruz es por donde nuestro Señor llegó a la gloria. Para seguirle en su vida triunfante, es preciso empezar por imitarle en su vida de sufrimiento.

“La Cruz es el patrimonio en esta vida de los elegidos, escribe la Santa. Antes de entrar en el cielo hay que gustar las amarguras del Calvario. La vida se nos ha dado para sufrir y la eternidad para gozar. Recibamos, pues, las ocasiones de sufrir como una prenda del amor del Sagrado Corazón que pretende hacernos merecer por tales medios. Como sabemos, un momento de sufrimiento bien aceptado por amor de Dios, vale el premio de una eternidad bienaventurada. “

Decía a una religiosa ursulina:

“Nuestro Señor derrama con abundancia en este Santo tiempo de cuaresma la plenitud de sus gracias en los corazones bien dispuestos para recibir las impresiones de su amor paciente. Ellos participarán un día de las de su amor triunfante. ¡Cuánto deseo que nosotras seamos de este número! No nos dejemos llevar del desaliento, sino recibamos de buena voluntad con espíritu de sumisión las pequeñas mortificaciones, que la dulce providencia permita que nos vengan, y procuremos hacer buen uso de ellas ¿será posible que no queramos amar al Corazón de Jesús, aún a costa de todas las contradicciones y pruebas de todo género que no faltarán?”

“Por eso, dice la Sierva de Dios, el Sagrado Corazón quiere que pongamos nuestro trono sobre la Cruz, para glorificarle, llevando amorosamente todas las cruces que Él nos presenta. Haremos intención, por consiguiente, de ofrecer cada día al Divino Corazón, por lo menos cinco actos de amor a la Cruz, los que le presentaremos cuando le visitemos en el Santísimo Sacramento.”

 

Del libro El Reinado del Corazón de Jesús (tomo2), escrito por un P. Oblato de María Inmaculada, Capellán de Montmartre. Publicado en Francia en 1897 y traducida por primera vez al español en 1910.