María la mujer del Corazón nuevo

 

El mes de mayo nos introduce en el misterio de una vida que explota en luz y color. El invierno ha pasado y se escuchan los pájaros por todas partes. La naturaleza que parecía muerta ha recobrado su vigor. Todo esto es signo de la “nueva vida” que nos trae el Señor después de morir. Cristo es el “grano de trigo” que nos invita a cada uno de nosotros a “morir a nuestros egoísmos” para no permanecer solo… sino “dar fruto”.  El fruto siempre brota donde hay “muerte” a uno mismo para vivir desde el Corazón del Señor.

María, nuestra Madre y amiga, nos introduce en el mes de mayo en un misterio de “muerte y vida”. Ella, que aceptó la cruz, sabe que todo “florece” cuando aceptando la voluntad de Dios nos dejamos “transformar” para “dar la vida” desde la sencillez de cada día.

María nos enseña el valor de “desaparecer”. Para  ser “sal y luz” tenemos que “desaparecer”, que “morir” a su propia “figura” Para diluida entre la comida y perdida entre los alimentos “dar sabor”. Esta es una imagen muy hermosa de lo que debe ser nuestra vida “desaparecer para ser sal y luz”.

A nuestro mundo insípido le faltan personas que sepan dar la vida y aceptar y amar como María una vida oculta en Nazaret. Ella no apareció nunca en las portadas de las revistas de moda, ni le consultaron los grandes de la tierra, mí fue aplaudida su entrega… sencillamente amó dando la vida, sencillos de los planes de Dios….y fue la persona humana más feliz que ha existido, porque vivió desde el único centro que debe existir: el Corazón de Cristo.

Virgen María con el niño Jesús en brazos

En la oración nuestra de cada día, debemos experimentar la alegría de “desaparecer” para ser “al ni luz”. Sabemos, porque así lo ha dicho María, que cuando uno busca ensalzarse, el Señor lo humilla y cuando uno busca el servicio sencillo en la humillación, el Señor lo ensalza.  Pues Dios, derriba del “trono “ del propio yo a todos los soberbios, a los que se buscan asimismo en todo lo que hacen o proyectan … y sin embargo se le enternece el Corazón ante los humildes como María que viven aceptando siempre la voluntad de Dios.

María es la mujer del Corazón nuevo, porque todo lo vive desde Jesús. Ella sabe desaparecer, es transparente pues sólo deja pasar por su vida los rayos del infinito amor y ternura del Corazón de su Hijo. Nuestra vida cristiana se debe de caracterizar porque mirando María, hemos aprendido a” dar la vida” desapareciendo como “la sal” Que tiene que morir a sí misma si quiere “dar sabor”. Esta es nuestra misión.

 

Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria Cáceres