Mansedumbre de corazón para con Dios o conformidad y abandono la voluntad Divina (I)

¡Mansedumbre de corazón para con Dios!¡Que encantadora virtud!

En qué consiste la mansedumbre de corazón para con Dios

La mansedumbre del corazón para con Dios no es otra cosa que una conformidad filial con la divina voluntad. Esta conformidad nos hace morir a nuestra voluntad propia y nos une por amor a la de Dios. Ella nos descubre en todos los acontecimientos, bajo el velo de las causas segundas, la suave mano de la Providencia dirigida por el amor del Corazón divino.

“La sumisión y abandono a  la voluntad de Dios, dice Santa Margarita, debe despojarnos de todo propio interés; debe destruir todo nuestros deseos. Debemos unirnos a su Santo amor y conformarnos con su voluntad, en la cual debemos hacer morir a la nuestra para no tener más que un mismo querer y no querer con Él. Debemos hacer todo lo que tienda al olvido de nosotros mismos, para no acordarnos  en todo más que de Dios, y no buscar ni ver más que su sola voluntad.”

“En todo lo que nos suceda, miremos únicamente al Corazón amantísimo de nuestro buen Padre, que no permitirá jamás a su mano adorable ejecute nada con nosotros que no sea para su gloria y nuestra santificación, sin distraernos a considerar la causas segundas o las criaturas.  Es cierto, ya que nos ama, que nos proporcionará con frecuencia los medios de crucificarnos, ya por las criaturas, ya por nosotros mismos; pero de cualquier manera que sea, no pongamos más que nuestro silencio y nuestra sumisión diciendo: es mi Padre Celestial quien lo ha hecho, esto me basta, y recibamos de buena gana y como venidas de su mano, o mejor dicho de su Corazón, las humillaciones, contradicciones y tribulaciones que nos sucedan. “

Necesidad de la mansedumbre de corazón para con Dios, o sea de la conformidad con la voluntad divina

Santa Margarita insiste mucho sobre la necesidad de conformarse absolutamente con la divina voluntad.

“El Sagrado Corazón, dice, quiere espíritu sumisos, sin otra curiosidad que cumplir su voluntad, lo que debe bastarnos en todo acontecimiento.

Su misión y abandonó a la voluntad de Dios; he aquí una buena tarea, no solamente para el tiempo de ejercicios, sino también para toda nuestra vida, que sólo debe tender a esto para no querer más que lo que quiere nuestro soberano Bien. Debemos, pues, estar siempre inmolados y sacrificados a esta voluntad, y bastarnos el que Dios esté contento.”

De Nuestro Señor mismo fue de quien aprendió la Santa cuan necesaria Es la conformidad con la divina voluntad a toda alma que quiera alistarse bajo la bandera del Corazón de Jesús. El 6 de noviembre de 1672, día de su profesión religiosa, inundada de delicias, se quejaba de ser muy poco conforme con su Esposo crucificado. Nuestro Señor le respondió:

“Déjame hacer cada cosa su tiempo, pues quiero que ahora seas el entretenimiento de mi amor que quiere divertirse contigo según su voluntad, como las niñas con sus muñecas. Es menester que te abandones así sin otra mira ni resistencia, dejándome gozar a expensas tuyas; nada perderás en ello.”

En otra ocasión, nuestro Señor presentó a la Santa dos cuadros: el uno de una vida de trabajos, el otro de una vida de consolación, y le dijo:

¡Escoge!

¡Oh, Señor mío, respondió ella; no quiero sino a Vos y lo que vos elijáis para mí. Contentaos vos y eso me basta!” Regocijado el divino Maestro por tanto perfecto abandonó a su voluntad, dijo a su dócil sierva:

“Que con María Magdalena había elegido la mejor parte, que no le sería quitada, puesto que Él sería su herencia para siempre.”

Un día que la Santa Pedía la curación del venerable Padre de la Colombière, le respondió el Salvador: la voluntad de Dios es que este santo religioso continúe sufriendo, y es más perfecto para el enfermo y para ti misma conformarse con esa adorable voluntad.

Del libro El Reinado del Corazón de Jesús (tomo3), escrito por un P. Oblato de María Inmaculada, Capellán de Montmartre. Publicado en Francia en 1897 y traducido por primera vez al Español en 1910.