LA REPARACIÓN(NECESIDAD DE ESTA REPARACIÓN)

corazonreparacion Del libro:”En el Corazón de Cristo”,  de Luis María Mendizábal, S. J.

 

Existen argumentos para creer que en la actual economía, normalmente, no se convierte  ningún alma sin el sufrimiento de otra. Es verdadero el principio de San Pablo: “sin derramamiento de  sangre, no se da el perdón”(Heb 9,22). Por lo cual: “Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en pro de su cuerpo que es la Iglesia”(Col 1,24).

“Es necesario nuestro sacrificio, por cuanto la copiosa redención de Cristo  sobreabundantemente perdonó nuestros pecados … A las oraciones y sacrificios que Cristo ofreció a Dios en nombre de los pecadores, podemos y debemos añadir también los nuestros”(Miserentissimus Redemptor ).

            Impresionante, aunque sea exagerada, es a este propósito la frase de Orígenes (In Num. 10,2.Mc.12, 638 C.):” desde que no hay mártires  y no se ofrecen las hostias de los Santos, temo que no podamos ya a merecer la remisión de nuestros pecados. Por esto o tengo miedo de que, permaneciendo en nosotros nuestros pecados, nos suceda cuánto de sí mismos afirman los judíos, o sea que, privados de altar, de templo y de Sacerdocio, y por lo tanto no ofreciendo más sacrificios –según su expresión-, “ nuestros pecados quedan en nosotros ”; y por eso no se da perdón. Por nuestra parte debemos decir que no ofreciéndose por nosotros las hostias de los mártires, nos quedamos con nuestros pecados; no merecemos, en efecto, sufrir persecuciones por Cristo, ni morir por el nombre del Hijo de Dios”.

Conocemos la redención objetiva y su aplicación. Pero dejemos aparte la terminología y expliquemos la realidad con un ejemplo.

La satisfacción de Cristo es como un gran depósito, o como una central en la que está acumulada la potencia eléctrica que debe ser usada para la salvación de las almas. Pero está salvación no se obtiene si la energía no se transforma, si no se aplica al motor, de modo que pueda convertirse en trabajo.

En el orden sobrenatural el motor en nuestra reparación y nuestros sacrificios, la oración podemos imaginárnosla como el conducto que lleva la energía eléctrica al motor. Pero, sin el motor sin el sacrificio expiatorio, no podemos tener conversiones.

La eficacia de la satisfacción, no depende solamente de la intención del dolor, sino también de la dignidad de la persona que sufre. A igual dignidad es más eficaz el sufrimiento  mayor; en igualdad de sufrimientos tiene mayor valor los de la persona más digna.

Queremos manifestar esta relación con una fórmula matemática: Eficacia de expiación = sufrimiento X dignidad.

Si la dignidad de la persona es muy elevada, pero falta dolor, no hay expiación eficaz. Y otro tanto, la eficacia será nula donde no haya dignidad, aunque el sufrimiento sea inmenso. La dignidad de la persona que sufre consiste en su vida sobrenatural, en su unión con Cristo.

Un motor, para poder entrar en acción, debe estar unido a la red, y a través de esta a la central.

En la Misa se realiza concretamente esta nuestra unión con la satisfacción de Jesucristo, de modo que la dignidad del que sufre sea la mayor posible.

 

Luis María Mendizábal, S. J.  Del libro en el corazón de Cristo

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