La reparación debe estar unida al amor en la devoción al Sagrado Corazón (II)

El segundo motivo por el cual debe unirse la reparación al amor en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, es que nuestro Señor lo quiere.

“El Sagrado Corazón, dice Santa Margarita, desea almas reparadoras que le devuelvan amor por amor y que pidan humildemente perdón a Dios de todas las injurias que se le hacen. Por medio de ese divino Corazón únicamente de nosotros dependerá el dar satisfacción a la divina Justicia.”

Escuchemos el conmovedor relato de las principales peticiones de reparación que Nuestro Señor dirigió su Sierva. Unas tienen por objeto la reparación de todos los pecados que se cometen; otras la de algunos ultrajes más ofensivos para el Corazón de Jesús.

II

Nuestro Señor pide reparaciones por todos los pecadores en general

La adorable víctima del Calvario ofreció a la majestad divina ofendida una reparación superabundante; sin embargo, invita a las almas generosas a aceptar el ser víctimas con ella, a fin de aplicar al mundo culpable los infinitos méritos de la gran expiación del Gólgota. San Pablo llama a esto “dar complemento a la Pasión de Cristo”.  Santa Margarita fue una de estas víctimas escogidas.

Nuestro Señor pide a santa Margarita que se ofrezca como víctima de reparación.

“Os diré, pues, escribe la santa, que apareciéndose mi divino Salvador un día a su indigna esclava, me dio a conocer que el gran deseo que tenía de ser amado perfectamente de los hombres le había hecho tomar el designio de manifestarle su Corazón. Me descubrió hasta qué excesos le había llevado su amor de amar a los hombres, de quienes no recibía más que ingratitudes y desprecios. Y me dijo:

“Verdad es, hija mía, que mi amor me ha hecho sacrificarlo todo por los hombres, sin que ellos me den nada en cambio; lo cual me es mucho más sensible que cuánto he sufrido en mi Pasión; tanto, que si me devolvieran algún amor en retorno, estimaría en poco todo lo que por ellos hice, y querría hacer aún más si fuera posible; pero no tienen para corresponder a mis desvelos en hacerles bien sino frialdades y repulsas. Pero al menos tú dame el placer de suplir su ingratitud por los méritos de mi Sagrado Corazón, en cuanto seas capaz”.

“Para esto quiero darte mi Corazón; pero antes busco una víctima para este Corazón, la cual quiera sacrificarse al cumplimiento de mis designios, como hostia de inmolación. “

Entonces, sintiéndome toda penetrada de la grandeza de esta soberana Majestad, me postre humildemente a sus pies, y le represente muchas almas santas que corresponderían fielmente a sus designios.

Mas en vano resistía yo a mi adorable Salvador, porque no me dejó descansar hasta, que por orden de la obediencia me hube inmolado a todo lo que Él deseaba de mí, y era hacerme víctima sacrificada a toda clase de sufrimientos, humillaciones, contradicciones, dolores y desprecios, sin otra pretensión que cumplir sus planes.

“No, me dijo; no quiero otra víctima que tú, pues para eso te he escogido.”

Como yo le representara impotencia, me respondió:

“He aquí con que suplir lo que te falta.”

Y al mismo tiempo, abriéndose su divino Corazón, salió una llama tan ardiente, que creí ser consumida, y me dijo:

“Yo seré tu fortaleza, no temas nada; mas estate  atenta a mi voz  y a todo lo que de ti exija para cumplir mis designios. “

Habiéndome ofrecido a ello con todo mi corazón, me dio parte de sus gracias con tanta profusión, que no me conocía a mí misma.”

“En esto nos muestra que el culto de reparación que Nuestro Señor espera de nosotros debe proceder del amor; pero de un amor encendido en su Corazón y que brote de este divino horno; de un amor que no se contente con afectos o sentimientos, sino que pase a los actos más heroicos de las virtudes cristianas. Reparar es amar, pero ante todo es sufrir e inmolarse amando. Por consiguiente, del Corazón de Jesús hemos de sacar este precioso suplemento de la caridad, que es la única que puede hacerle completamente agradables nuestras          reparaciones. “

Nuestro Señor pide a santa Margarita reparaciones por los pecados ocultos

Escribe la Santa: “Considerando atentamente en una de mis oraciones al único objeto de mi amor en el Huerto de los Olivos sumergido en la tristeza y agonía de un dolor rigurosamente amoroso, me sentí fuertemente impulsada por el deseo de participar de su dolorosas angustias… Nuestro Señor me dijo:

“Mi justicia está irritada y pronta castigar con castigos manifiestos a los pecadores ocultos, si no hacen penitencia. Quiero darte a conocer cuando estará pronta mi justicia a lanzar sus rayos sobre esas cabezas criminales. Esto será, cuando sientas a mi Santidad que pesa sobre ti.

Entonces debes levantar tu corazón y tus manos al cielo con oraciones y buenas obras; presentarme continuamente a mi Padre, como víctima de amor inmolada y ofrecida por los pecados de todo el mundo, y ponerme como un muro y castillo seguro entre la divina justicia y los pecadores, a fin de obtener mi misericordia.

Te sentirás rodeada de esta misericordia, cuando Yo quiera perdonar alguno de esos pecadores. Entonces debes ofrecerme a mi Padre como el único objeto de sus amorosas complacencias en acción de gracias por la misericordia que ejerce con los pecadores.

Conocerás, además, si esta alma perseverara para el cielo, en que te haré participar una pequeña parte del gozo que reciben los bienaventurados en su plenitud por la comunión de mi amor.”

Del libro El Reinado del Corazón de Jesús (tomo1), escrito por un P. Oblato de María Inmaculada, Capellán de Montmartre. Publicado en Francia en 1897 y traducído por primera vez al Español en 1910.