Entronización del Sagrado Corazón en el hogar

En este artículo vamos a intentar explicar la

Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en el hogar

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La entronización:

¿Que es?

¿En que consiste?

Los cuatro pilares de la Entronización

  1. La Entronización es reconocer que el espacio en el que vivimos diariamente es un santuario donde el Dios habita.

  2. Entronizar es comprometerse a hacer de la casa una “escuela, un laboratorio de amor”

  3. Entronizar es hacer de nuestra casa “un trampolín misionero”

  4. Entronizar es “acoger a María en la propia casa”

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¿Que es la Entronización?

La Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares es una práctica piadosa tan importante que, si es realizada con seriedad, puede regenerar al mundo.

La familia  es la primera de las sociedades naturales y, desde varios puntos de vista, es también la más importante.

De su desarrollo nacen –por agrupación, división o extensión– las demás sociedades en los más variados ámbitos, hasta llegar a la sociedad suprema, el Estado.

 

Si la familia fuera moralmente sana, será capaz de trasmitir su salud a las otras instituciones. Si estuviera contaminada por cualquier vicio, contaminará a todas las otras sociedades que nacen de ella.

La Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares tiene como objetivo,  regenerar, preservar y perfeccionar la célula básica de la sociedad: la familia “Iglesia doméstica”.
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En que consiste.

La Entronización es una consagración de la familia al Sagrado Corazón de Jesús y manifiesta el propósito de reconocerlo como Rey de esa sociedad, colocándolo simbólicamente en un trono. Su fin próximo es lograr que en la familia reine un espíritu efectivamente cristiano.

Su fin remoto es el de preparar las condiciones para el Reinado de Jesucristo en la sociedad.

Nuestro Señor hizo dos promesas, dentro de las doce,  a Santa Margarita María Alacoque que se relacionan directamente con la familia y la Obra de la Entronización:

  1. Daré paz a sus familias.
  2. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.

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Los cuatro pilares de la Entronización

 

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I. La Entronización es reconocer que el espacio en el que vivimos diariamente es un santuario donde el Dios habita.
La familia, o el hogar que acoge a los que me son más cercanos, es el lugar donde se manifiesta el amor, donde nace y crece, y se “recarga”…

Ubi caritas, Deus ibi est! “Allí donde hay amor, Dios habita”. Traducción libre, sin duda, pero que nos recuerda lo esencial en la humanidad: la familia es el primer santuario del amor y por lo tanto de Dios.

¡Poner la imagen del Sagrado Corazón, símbolo de ese Dios Amor, es, ya de entrada, una profesión de fe en el Dios que es amor!

Por lo tanto, el primer compromiso de quienes realizan la Entronización es el de alimentar esta fe cultivando una relación privilegiada con Jesús como Marta, María y Lázaro en Betania. La oración (adoración nocturna, pero también sencillamente la oración en familia, la práctica de la Eucaristía o los Sacramentos), la formación (catequesis, cursos, retiros, lecturas, etc.) son las oraciones vivas que constituyen el pilar sobre el cual todo lo demás reposa.

Puede ayudarnos a recordarlo tener un rincón habilitado para la oración en torno a la imagen del Sagrado Corazón.

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II. Entronizar es comprometerse a hacer de la casa una “escuela, un laboratorio de amor”…
La familia, la casa, es el primer lugar donde se tejen las relaciones más íntimas (de pareja, paterno-filiares, fraternas). Es el lugar en el que aprendemos a amar como Jesús, que nos enseñó el camino de la entrega, del servicio mutuo que se expresa a través de una mirada atenta, y de la compasión, vivida a menudo en el perdón y la reconciliación.

Esta manera de aprender a vivir como Jesús a partir del Evangelio nos abre a un amor más grande, que desborda las fronteras y nos conduce a acoger a los que necesitan tener la experiencia de lo que quiere decir ser amado…

El manual, la guía práctica de esta escuela, ¡es el EVANGELIO!

Teniendo en cuenta que éste era el punto de partida de cada una de las sesiones del Concilio Vaticano II, ¿por qué no Entronizar los Evangelios o mejor la Biblia al mismo tiempo que la imagen del Sagrado Corazón?

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III. Entronizar es hacer de nuestra casa “un trampolín misionero”.
El amor, que es el motor y está en el corazón de la Entronización, está hecho para ser difundido, repartido, comunicado; si no, muere.

El amor del corazón de Jesús es misionero. Por eso el amor que se encuentra allí donde se ha realizado la Entronización sólo puede ser misionero y propagarse comouna llama…

Este amor apostólico va a manifestarse de diversas maneras en función de nuestras posibilidades y de nuestra situación, pero siempre lo hará a través de la calidad de nuestras relaciones en la vida ordinaria: en el barrio, en el trabajo, en nuestro ocio, etc.

Y, según el caso, también en el compromiso en la parroquia, una determinada comunidad educativa o movimiento, el compromiso caritativo, las asociaciones, etc.

Debemos ser reconocidos como “gente con corazón”, ya que el Corazón de Dios ha venido a habitar en medio de nosotros.

Nuestra casa llegará a ser entonces un auténtico cenáculo, una nueva Betania. Sería bueno colocar un signo que nos recuerde esta exigencia misionera cerca de la imagen del Sagrado Corazón y del Evangelio… ¿Por qué no un pequeño mapamundi?

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IV. Entronizar es “acoger a María en la propia casa”.
Jesús es el “¡nunca sin mi Madre!”

Con la Entronización ocurre un poco como en las bodas de Caná: “Jesús fue invitado a la boda… y la madre de Jesús estaba allí” (Jn 2, 1-2)

Si Entronizar es acoger a Jesús en la propia casa… es también acoger a María. Esto quiere decir que al entronizar el Corazón de Jesús, “entronizamos” el de María, “humilde sierva del Señor” (¡el único título que ella se dio!)… Por eso no hablamos de la Entronización en relación a María: es Jesús, y sólo él, el centro de su vida y, por lo tanto, de la nuestra.

María es nuestra madre “educadora” que nos conduce a Jesús y nos enseña a amar como él y a ser sus testimonios. Ella es nuestro modelo en la acogida de la Palabra, del proyecto de Dios. Signo de la Iglesia, ella nos recuerda que lo que estamos llamados a llegar a ser, y nos invita a un amor más grande y a la exigencia misionera.

Seguro que una imagen o una estatua de la Virgen María encuentra un espacio en un nuestro pequeño rincón de oración… Y quizás también San José y los Santos patrones de los miembros de la familia.

También la Entronización busca hacer de nuestras “casas” “Iglesias domésticas” …

¡No para que nos quedemos acomodados en ella.

Sino para ayudarnos a “ser, con el poder de amar del Corazón de Jesús, auténticos constructores de la Civilización del Amor”!

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