El apostolado de acción

El apostolado propiamente dicho es el de la acción.

“Trabajemos sin cansarnos jamás”, dice Santa Margarita María.

En efecto, la acción principal, es elegida los apóstoles del Sagrado Corazón, es la de ser como heraldos y ejecutores de las enseñanzas de la santa.

Dar a conocer por todas partes sus palabras; propagar las obras que aconseja; hacer que se  tributen al Corazón de Jesús los homenajes pedidos a los individuos, a las familias, a las naciones y a la Iglesia: he ahí   la misión confiada a los apóstoles de este Divino Corazón. Como se ve, es inmenso el campo abierto a su celo. Cualquiera que sea su ardor, jamás terminarán completamente su tarea.

A cada uno de ellos puede decir la Santa Como el ángel al profeta Elías: Levantaos, cobrar fuerzas alimentándoos con el pan eucarístico y bebiendo el vino del amor del Corazón de Jesús, porque os queda mucho camino que recorrer para llegar a la montaña de Dios.

¡Apóstoles del sagrado corazón!, levanta vos, pues, y fortalecidos con el divino alimento que os ofrece el sagrado corazón, “trabajar sin cansaros durante cuarenta días y cuarenta noches”; es decir, mientras os dure la vida, y cuando haya  llegado al término vuestra terrena peregrinación, os será concedido “descansar en la caverna de Horeb”; en el Corazón de Aquel que es “la verdadera montaña de Dios “

A las importantes obras de apostolado, de las cuales hemos hablado anteriormente, hay que agregar la limosna material, ofrecida al corazón de Jesús para construir templos, elevar y adornar altares, erigir estatuas, celebrar fiestas, organizar procesiones, imprimir y propagar estampas, libros, folletos, hojas sueltas, en honor de este divino Corazón. Son ofrendas muy agradables al Sagrado Corazón aquellas que, como el óbolo de la viuda del evangelio, se deducen en cierto modo de lo necesario iban marcadas con el sello del sacrificio y de la privación. Así mismo, el producto de esas pequeñas economías que recomendaba a los apóstoles después de la multiplicación de los panes:” recoged los fragmentos para que no perezcan”, porque su amor se complace en hacer maravillas con aquello que es considerado como de poco valor.

Hemos oído los grandes elogios que Santa Margarita María tributaba a varias jóvenes de Lyon por haberse privado de algunos caprichos destinando el dinero le hubieran gastado en ellos, en propagar los libros y estampas.

Escribiendo a sus Hermanos, que habían levantado a sus expensas una capilla y fundado misas a perpetuidad en honor del Sagrado Corazón en la iglesia de Boys San Marí, les decía: “Animo pues; terminad lo que habéis empezado en obsequio del Sagrado Corazón, y crees que os devolverá el céntuplo de todo lo que hagáis.

¡Dichosos los ricos que comprendieron tales lecciones! No menos dichosos los obreros y los pobres que restar en de sus módico recursos alguna parte silla para el sagrado corazón: “¡ningún dinero será mejor recompensado!”, es frase admirable de la santa. ¡Pero mil y mil veces dichosos aquellos que, no contentos con dar el oro y la plata, se entrega de ellos mismos, consagrándose al apostolado del Corazón de Jesús!.

De los libros “El reinado del Corazón de Jesús”, tomo II