Cualidades del amor al Sagrado Corazón que se refieren especialmente a la unión con el divino Corazón (Tercera Parte)

El amor al Sagrado Corazón debe ser amor de transformación y de imitación

            “Dejémonos, nos dice Santa Margarita María, abrasar y consumir de las más puras llamas del Sagrado Corazón, con las cuales le suplico nos transforme del todo en Él, para vivir en entera conformidad debida con su santas máximas.

Después de haber purificado nuestro corazón de toda corrupción en estas divinas llamas del puro amor, nos es preciso adquirir un corazón nuevo que nos haga vivir en adelante la vida del Corazón de Jesús.”

Este amor de invitación fue enseñado a la Santa en una memorable circunstancia, poco después de la llegada de la Sierva de Dios al noviciado.

“En cuanto fui a la oración, refiere, mi divino Maestro me hizo ver:

Que mi alma era un lienzo, sobre el cual quería pintar todo lo trajo de su vida crucificado, pasada toda ella en el amor, en las privaciones, en el alejamiento, en el silencio y el sacrificio, hasta la consumación; que Él los imprimiría en mi alma después de haberla purificado de todas las manchas que le quedaban, ya de afición a las cosas terrenas, ya del amor a mi misma o a las criaturas, hacia las cuales tenía mi natural complaciente demasía de inclinación.

El amor al Sagrado Corazón debe ser celestial.

En la Sierva de Dios nos invita a la escuela de los bienaventurados para aprender amar al Corazón de Jesús. Este divino Corazón quiere que sus amigos de la tierra rivalicen en el amor con sus amigos del cielo.

“Esto es lo que el Soberano de mi alma me dio a conocer el día de todos los Santos; me dijo de una manera inteligible:

En la inocencia no hay manchado nada;

Nada hay perdido en manos del Señor;

Nada se muda en tan feliz morada;

Todo allí se consuma en el amor.

La explicación que es en medio de estas palabras me sirvió mucho tiempo de ocupación.

En la inocencia no hay manchado nada; es decir, que no he de sufrir ninguna mancha en mi alma ni en mi corazón.

Nada y perdido en manos del Señor; es decir, que debo dar todo, confiar todo a Aquel que es el poder mismo, y que no se puede perder nada al dárselo todo.

En las otras palabras se entiende el paraíso donde nada pasa, porque todo es eterno y se consuma en el amor.”

El amor al Sagrado Corazón es un misterio indecible

Santa Margarita encontraba que eran insuficientes todas las calificaciones que acabamos de indicar, a pesar de ser tan variadas y tan bellas; y considerándose incapaz de decir todo lo que sabía y sentía sobre el amor que debemos tener al Corazón de Jesús, muchas veces pidió a la poesía sus acentos para cantar este amor y sus misteriosas exigencias; acentos admirables y sublimes aun cuando las reglas del ritmo aparezcan defectuosas:

 

 

     

                      I

Hizome Jesús sentir

Que el amor es gran misterio ;

Hay que obrar y que sufrir

Sin pensar en refrigerio.

¡Mil veces benditas suerte

Si el amor me da la muerte!

 

 

                 

                       II

Luego qué amor me venció

La vida creí pérdida,

Más Jesús me confortó

Con aquel néctar de vida

Que en la llaga del Costado

Forma el Corazón Sagrado

                      III

Del amor puro la hoguera

Muy pronto al alma derrite,

Él los pasos acelera

De la pobre Sulamite;

Él tortura hasta los huesos

Con amorosos excesos.

 

                     IV

Soy toda, ¡o bien infinito!,

Del divino Corazón;

¡En Él mi nombre está escrito!

Con amable inmolación

Quiero se abrase mi ser,

Y no quiero otro placer.

 

 

                     

                     IV

El amor, cada momento,

a sacrificar me apura

el vano contentamiento;

y a que cifre mi ventura

en Belén es siempre humillada

Y doquier crucificada.

                   

                    VI

Si vos queréis que en el dolor

Pase la vida el resto,

Oh mi dulce Salvador,

Están mi espíritu presto.

Seré víctima sincera

Con tal de que amando muera.

 

                    

                      VII

Dolorida y pobre en todo,

Quiero morir en la cruz;

En un leño de este modo

Expiró por mí Jesús.

Por retorno a este Señor

Quiero muerte, cruz, amor.

 

                      

                      VIII

¿Por qué, Esposo celestial,

Me dejáis en vil estado

De amar cosa terrenal

Y de cometer pecado?

¡Por tan funesto albedrío

Puedo perderos, Dios mío!

                      

                        IX

¡Ah, si os quisiera mi Dios

Cuanto os odia el mismo infierno!

!Ah, sí ardiera aquí por vos

Como arde aquel fuego eterno!

¡No amar!… ¡Tormento nefando!

Yo quiero morir amando.

                       

                         X

Mi corazón amoroso

Siento que alguien ha robado,

El amante más hermoso

Hurto tal hace de grado;

Más de darme el suyo cuida,

Que sin corazón no hay vida.

 

 

Del libro El Reinado del Corazón de Jesús (tomo 1), escrito por un P. Oblato de María Inmaculada, Capellán de Montmartre. Publicado en Francia en 1897 y traducida por primera vez al español en 1910.