Cualidades del amor al Sagrado Corazón que se refieren especialmente a la unión con el Divino Corazón (Primera Parte)

El amor a Jesús no dice jamás: basta. Cuanto más se acerca a su divino objeto, más gusta de sus encantos, más desea unirse a él, hasta que al fin se pierde en este centro adorable, lo que no tendrá lugar sino en el cielo, por medio de la visión beatífica. Allí estaremos sumergidos en el océano infinito de toda luz y de todo amor. Entretanto podemos preparar y aun comenzar en este mundo esa unión perfecta del paraíso. ¡Dichosa el alma que en este valle de lágrimas, con la ayuda de la gracia, efectúe estas maravillosas ascensiones en el Amor divino! Ella comienza a gustar cuán suave es el Señor.

El amor al Sagrado Corazón debe estar acompañado de paz interior

            Sabiendo Santa Margarita que el demonio procura, ayudado principalmente de la turbación, desalentar a los que quieren unirse al Corazón de Jesús por los lazos del prefecto amor, les recomienda, con las mayores instancias, guardar la paz interior y evitar las inquietudes.

Ella escribía a una de sus hermanas, a quien el temor de no andar por la senda del puro amor traía turbada: “ruego al Sagrado Corazón de Jesús que establezca para siempre en nuestros corazones su reinado de amor y de paz. Mí amadísima  hermana, mi corazón ha bendecido , con todo el afecto de que es capaz, a nuestro amable Jesús, cuando el leer vuestra carta, este divino Maestro me ha descubierto tantas misericordias y gracias, con las cuales previene a vuestra querida alma. Porque muy lejos de haber notado nada malo en todo lo que me decís, veo tan sólo motivos para alabar su bondad y la amorosa dirección que tiene con vos para que lleguéis al fin que pretende, que es establecer en vuestro corazón el imperio de su puro amor, para que reinéis eternamente en el cielo, como lo espero.

Mas ¿será menester que os diga que una sola cosa me aflige  en vuestro escrito? Esa es, que no veo bastante abandono y confianza. Y sin embargo, creo que nuestro buen Maestro exige ante todo eso de vos.

No me digáis que no tenéis amor; yo os digo que si le amáis, pero tenéis siempre demasiado temor. Me parece haberos dicho ya que nuestro Señor no aprueba ese temor; pues quiere de vos ciega y filial confianza. Puesto que os ama, ¿Qué tenéis, sino el no darle el retorno de amor que quiere de vos, y que consiste en este perfecto abandono y olvido de vos misma?

Sí, me atrevo a decíroslo: el Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo no os abandonará jamás, sino que tendrá cuidado particularísimo de vos a medida que confiéis en Él y que os entreguéis a Él con fidelidad inviolable en aquellas ocasiones donde se trate de demostrarle vuestro amor.“

Corazón de Jesús

El amor al Sagrado Corazón debe ser confiado

            La paz y la confianza son dos hermanas inseparables, que deben acompañar siempre el verdadero amor. Apenas se puede hablar de la una sin ocuparse de la otra. La Santa, al exhortarnos a amar al Sagrado Corazón en paz, nos ha exhortado ya a la confianza en este divino Corazón. Casi todas sus cartas encierran calurosas invitaciones a esa confianza.

A la Madre de Saumaise le decía en una de sus cartas:

“El Sagrado Corazón quiere que nos dirijamos a Él en todas nuestras necesidades con humilde y respetuosa, pero grandísima confianza filial, abandonándonos totalmente a sus amorosos cuidados, como hijos de tan buen Padre, el cual, habiéndonos engendrado sobre la Cruz con tantos dolores, no puede olvidar sus ternezas para proveer a todas nuestras necesidades. No debemos temer nada entre sus sagrados brazos, con tal que desconfiando de nosotros mismos lo esperemos todo de Él. Todo lo que viene de la criatura es para temer; no debemos fiarnos“

Numerosos son los motivos propuestos por la Santa para inducir a las almas a poner toda su confianza en el Sagrado Corazón. No señalaremos más que los principales:

I “Si queremos que el divino Corazón nos contente a su vez, es menester, ante todo, contentarle con amorosa confianza.”

II  “El Sagrado Corazón de nuestro Señor nos ha engendrado sobre el árbol de la Cruz, por lo cual, no nos abandonará si nosotros no le abandonamos primero.”

III “El Corazón de Jesús nos ama y no nos dejará perecer en tanto que tengamos confianza en Él; nos hará sentir su poder, cuando sea tiempo.”

IV “En cuanto a entrar en su Sagrado Corazón, ¡id! ¿Qué teméis, puesto que os invita a que vayáis allí a descansar? ¿No es el trono de la misericordia, donde los miserables son los mejor recibidos, con tal que el amor los presente en el abismo de su miseria?”

V  A estos diversos motivos de confianza añade uno la Santa, del cual muchas veces había tenido experiencia, y que debe consolar grandemente a los flacos, los afligidos, los pobres y los pecadores:

“El sostén de mi fragilidad, escribía, es  que el Señor se complace en glorificar su infinita misericordia sobre las personas más miserables. Motivos tiene mi alma para temer no tener alguna parte en el paraíso, puesto que no hago nada para adquirirle. Pero tengo toda mi esperanza y mi apoyo en los méritos de mi Señor Jesucristo, que quiso ser mi fiador, haciéndome esperar que Él pagará y responderá por mí. Jamás he hallado a Dios tan bueno respecto a mí; a pesar de mis infidelidades, no se aparta de mí; así que no tengo otro refugio que su adorable Corazón, que en todo se hace mi fiador y mi esperanza.

En mis ejercicios de 1678 me dijo:

Yo soy tu director, al que debes entregarte enteramente; permanece, pues, sin inquietud ni cuidado de ti misma; pues no te faltará mi ayuda sino cuando a mi Corazón le falte poder. Todavía tengo una áspera y pesada cruz que poner sobre tus débiles hombros; pero yo soy bastante poderoso para sostenerla. No temas nada, y déjame hacer lo que quiera de ti, sin que tú hagas nada por sepultarte en el desprecio o exponerte a las alabanzas. No permitiré a Satanás que te tiente más que con las tres clases de tentaciones con que tuvo el atrevimiento de atacarme. Pero no temas, confía en mí, soy tu protector y tu fiador; he establecido en tu alma ni reino de paz que nadie podrá quitarte. ¿qué temes? ¿No te basto yo? Tan amada como lo eres de Mí, ¿puede perecer en los brazos de un Padre todopoderoso?”

            El amor al Sagrado Corazón debe ser amor de preferencia

            “Nos hemos de convencer, dice la Santa, que si queremos poseer a nuestro Señor Jesucristo, habitar en su Sagrado Corazón y permanecer allí para siempre, tenemos que amarle con amor de preferencia, como lo único necesario a nuestro corazón.

            Este amor de preferencia nos hará vencer nuestras repugnancias y poner debajo de los pies los respetos humanos, el ¿qué dirán? si hago esta práctica de virtud. Nos impedirá escuchar a la naturaleza inmortificada y a las sugestiones del amor propio. Que este amor propio evite todo lo que quiera; somos del Corazón de Jesucristo, que quiere de nosotros que le amemos con amor de preferencia a todos; que le prefiramos á la criatura, y a la eternidad, al tiempo.

Por consiguiente, cuando se trate de agradar al divino Corazón, no más respeto humano, no más excusas de amor propio; es menester despreciar todo eso, siempre que se trate de dar gusto a este divino Corazón; hay que inclinar suavemente nuestro corazón al desprecio y al olvido de todo lo demás; porque más vale perderlo todo que el agrado de este Corazón adorable. El Sagrado Corazón de nuestro amable Jesús es todo mi tesoro. “  

El Sagrado Corazón quiere ser amado por amor celoso.

 “Como Jesús es celoso de nuestro corazón, continúa la Santa, y quiere poseerle Él solo, así tenemos nosotros que ser celosos del suyo, amándole más que nadie, si es posible; y, en fin, procurando tener todas nuestras delicias en este divino Corazón es para mí un martirio pensar que es tampoco amado; al menos, si yo lo amase, mi corazón sentiría alivio en su dolor; pero soy la más ingrata y la más infiel de todas las criaturas.”

El amor al Sagrado Corazón de Jesús debe ser amor de gratitud. 

“Puesto que el Corazón de Jesús nos ha amado y nos ama, dice la Santa, no le olvidemos jamás; bendigámosle y démosle gracias por tan ardiente caridad.

Digamos muchas veces con el profeta: ¿qué volveré al Señor por los grandes beneficios que me ha hecho? Le haré continuo sacrificio de todo mí ser por homenaje de amor y alabanza a su soberanía. Para este efecto, le he elegido por el único objeto de mi amor, todo el tesoro de mi corazón y todas las delicias de mi alma. “

El amor al Sagrado Corazón debe ser amor de abandono en la divina voluntad.

La Sierva de Dios escribía con este motivo:

“El Sagrado Corazón de Jesús quiere el entero sacrificio de nuestro corazón; quiere que no veamos más que su voluntad, la cual debe extinguir todos nuestros deseos.”

“Creo que contentaremos al Sagrado Corazón cuando nos abandonemos de tal modo, que Él sea la mirada de nuestros ojos, el oído de nuestros oídos, la luz de nuestro entendimiento, los afectos de nuestra voluntad, el recuerdo de toda nuestra memoria y todo el amor de nuestro corazón; dejándole obrar según su voluntad, sin reservarnos más que el cuidado de agradarle y amarle sobre todas las cosas; desterrando todas las reflexiones del amor propio y cuidados de nosotros, que suelen ser obstáculos a las operaciones de la gracia en nuestra alma; no teniendo otro fin ni mira que el complacer a este divino Maestro.”

“Abandono por el amor, abandono en el amor y todo por el amor, sin restricciones.”

“ Amor de olvido y abandono de sí mismo, para dejar obrar al Amado; para dejarle cortar, quemar y aniquilar en nosotros todo lo que le disguste; siguiéndole a ciegas, sin divertirnos a mirar y reflexionar sobre nosotros mismos, para ver lo que hacemos. “

Del libro El Reinado del Corazón de Jesús (tomo 1), escrito por un P. Oblato de María Inmaculada, Capellán de Montmartre. Publicado en Francia en 1897 y traducida por primera vez al español en 1910.