El Corazón de Jesús, síntesis del cristianismo

He aquí las palabras del Apóstol San Juan:

 

“En eso está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10)… “para que nosotros vivamos por Él” (ib., 4, 9).

 

Tenemos aquí la síntesis de todos los misterios escondidos en el Corazón del Hijo de Dios: el amor “preveniente”, amor “satisfactorio”, amor “vivificante”.

 

Este Corazón palpita con su sangre humana, que ha sido derramada en la cruz. Este Corazón palpita con todo su inagotable amor que está eternamente en Dios. Con este amor Él permanece siempre abierto a nosotros, a través de la herida producida por la lanza del centurión en la cruz.

 

“Si de esta manera nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Jn 4, 11). El amor hace nacer el amor, desencadena el amor y se realiza mediante el amor. Cada una de las partículas que hay de verdadero amor en el corazón humano poseen, en su dimensión más intima, algo de lo que colma sin límites el Corazón del Dios-Hombre.

 

Por esta razón Él nos pide en la liturgia de la solemnidad del Sacratísimo Corazón: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí” (Mt 11, 98-29).

 

 

 

Oh Madre de Cristo,

Tú has obedecido con mayor prontitud que nadie

a esta llamada.

Al meditar, en la oración del Ángelus

acerca del misterio de la Anunciación,

te pedimos:

enséñanos a abrir nuestros corazones

al Amor encerrado en el Corazón de Jesús,

como Tú le has abierto tu Corazón

desde el instante de tu primer “fiat”.

Y como se lo has abierto siempre.

Enséñanos, Madre,

a permanecer en la intimidad,

en la verdad y en el amor,

con ese Corazón divino de tu Hijo.

 

San Juan Pablo II, ángelus domingo 1 de julio de 1984.