El Corazón de Jesús y la oración litúrgica

En está oración de  alabanza (La oración de laúdes) elevamos nuestros corazones al Padre de nuestro Señor Jesucristo, llevando con nosotros las angustias y las esperanzas, las alegrías y dolores de todos nuestros hermanos y hermanas en el mundo.

 

Y nuestra plegaria se convierte en una escuela de sensibilidad, pues nos hace conscientes de lo vinculados que están nuestros destinos a toda la familia humana. Nuestra oración se convierte en una escuela de amor, un amor cristiano consagrado, especial, con el cual nosotros amamos al mundo, pero con el Corazón de Cristo.

 

A través de la plegaria de Cristo, que nosotros elevamos, se santifica nuestra jornada, se transforman nuestras actividades, y nuestras acciones se santifican. Rezamos los mismos salmos que rezo Jesús y entramos en contacto personal con Él, que es la persona puesta en la Cruz por todas las escrituras, la mezcla hacia la cual está orientada a la historia.

En nuestra celebración de la Palabra de Dios, el misterio de Cristo se abre ante nosotros y nos envuelve. Y a través de nuestra Cabeza, Cristo Jesús, nos vamos haciendo progresivamente más uno con todos los miembros de su Cuerpo.

  San Juan Pablo II durante el rezo de laúdes en la catedral de San Patricio, Nueva York, 3 de octubre de 1979.