El Corazón de Jesús fuente de gracia y salvación

“Por gracia. . . habéis sido salvados “(Efesios 2: 5).

Estas palabras de la Carta a los Efesios están casi en el centro de las lecturas y meditaciones de la Iglesia en el cuarto domingo de Cuaresma de hoy.

Estas palabras parecen ser de particular elocuencia en esta visita a la comunidad parroquial, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de su Madre: estos dos Corazones unidos por un vínculo sagrado del amor, de ese amor que en el Dios Trino y Uno su eterna e inagotable fuente. Porque Dios es amor, y de ese amor comienza lo que el apóstol llama “gracia” cuando dice: “Por gracia habéis sido salvados”.

Sí. La gracia es el don inefable, a través del cual Dios quiere salvar al hombre, que le permita participar en su divinidad, en su naturaleza divina, en la inescrutable vida del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El testigo más alto y más pleno de esta voluntad salvífica de la Santísima Trinidad es el Corazón del Redentor, y, unidos a Él, el Corazón de la Esclava del Señor, donde la gracia ha llegado a la plenitud de la indecible de la Materenidad divina.

El período de Cuaresma requiere que meditemos sobre el misterio de la gracia divina. No solo el misterio del pecado, sino también el de la gracia. En la economía revelada de la salvación, uno no puede separarse el uno del otro. Uno no puede eliminar la gracia del pecado y el pecado de la gracia. Están en una relación recíproca, estrictamente complementaria.
Solo puedo congratularme por todo el bien que hacéis en nombre del Señor. Nunca pongáis un límite a los resultados logrados, pero siempre inspirar vuestra conducta en el Corazón rebosante de amor de Jesús y el Corazón Inmaculado de su Santísima Madre. Tomad ejemplo de la generosidad de la misericordia del Padre. La parroquia debe ser una comunidad de misericordia.
Una vez más me refiero al Corazón de nuestro Redentor, quien es la “fuente de vida y santidad”. ¡Me remito a Él a través del Inmaculado Corazón de la Madre de Dios!

Que en la admirable unión de estos Corazones que protegen vuestra parroquia, se os manifieste siempre Dios, que es rico en misericordia.

¡Que opere en vosotros el poder de su gracia!

San Juan Pablo II, homilía en la Parroquia de los Sagrados Corazones.
17 de marzo de 1985