El Corazón de Jesús es todo Amor

Principales revelaciones que hizo de este amor a Santa Margarita María.

 Cualidades del amor del Sagrado Corazón a nosotros.

 

“El Corazón de Jesús no solamente es la santidad misma, dice Santa Margarita: es sólo amor y misericordia.”

La devoción al Sagrado Corazón se puede resumir en esta palabra: ¡Caridad!¡Amor!¡Amor de Jesús hacia nosotros!¡Amor de los hombres hacia Jesús! Y así, las primeras imágenes, trazadas bajo la inspiración de la Santa, llevaban en la abertura hecha por la lanza la palabra: Charitas.

Así se expresa el breve de  beatificación de la sierva de Dios: “Jesús, autor y consumador de nuestra fe, movido por su excesiva caridad, tomó la fragilidad de nuestra naturaleza mortal, y se ofreció a Dios como víctima sin mancha sobre el altar de la Cruz, para librarnos de la horrenda servidumbre del pecado. No tuvo más vivo deseo que encender, por todos los medios, en las almas de los hombres la llama de esa caridad de qué está devorado su Corazón. “He venido a poner fuego a la tierra, nos dice en el evangelio, ¿y qué deseo sino que arda?”. Ahora bien, para que este fuego de la caridad fuera más activo, quiso que se estableciera y propagara en la Iglesia el culto y la adoración de su Corazón Santísimo. Porque ¿quién será tan duro e insensible que no se sienta movido a volver amor por amor a este Corazón tan dulce, que quiso ser herido y traspasado por la lanza?”

 

 El Corazón de Jesús se manifiesta por primera vez a Santa Margarita María

 

“Una vez, cuenta, estando delante del Santísimo Sacramento, me encontré toda investida de esta divina presencia, tan vivamente que me olvidé de mí misma y del lugar donde estaba, abandonándome a este Divino Espíritu y entregando mi corazón a la fuerza de su Amor. Me dio a conocer que:

El gran deseo que tenía de ser amado perfectamente de los hombres, le había hecho formar el designio de manifestarle  su Corazón.”

“He aquí cómo pasó esto: me hizo descansar largo tiempo sobre su divino pecho, donde me descubrió las maravillas de su amor y los inexplicables secretos de su Sagrado Corazón. Hasta entonces me los había tenido ocultos; me los descubrió por primera vez (en 1673), pero de una manera tan real y sensible, que no me dejó lugar a duda por los efectos que esta gracia produjo en mí. Me dijo:

“Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres y por ti en particular, que no pudiendo contener más en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, quiere derramarlas por tu medio.”

 

 El Sagrado Corazón revela a Santa Margarita toda la extensión de su amor, y pide que se le devuelva algún retorno.

 

“Una vez que estaba expuesto el Santísimo Sacramento, dice la Santa, después de haberme sentido recogida dentro de mí misma por un extraordinario recogimiento de todos mis sentidos y potencias, Jesucristo, mi dulce Maestro, se presentó a mí. Entonces fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables de su puro amor y hasta qué exceso de amor a los hombres le había llevado (este amor), de los cuales no recibía más que ingratitudes, y me dijo:

 

“Esto me es mucho más sensible que cuánto sufrí en mi pasión; tanto, que si me correspondieran con algún amor, tendría en poco todo lo que por ellos hice, y querría hacer aún más si fuese posible. Pero no tienen para corresponder a mis desvelos en procurar su bien, sino frialdad y desvío. Mas tú, al menos, dame el placer de suplir su ingratitud en cuanto seas capaz.”

  Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres.

“Otra vez, escribe la Santa, estando delante del Santísimo Sacramento, un día de su octava, mi Dios, descubriéndome su divino Corazón, me dijo:

Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres; que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarle su amor.”

 Santa Margarita María ve en el Corazón de Jesús como un abismo sin fondo abierto por el amor

 

En otra ocasión, parecía a la Santa que se le decía sin cesar que estaba al borde de un precipicio. No sabiendo lo que significaba esto, y encontrándose en una pena extremada, dijo a nuestro Señor con la mayor confianza: “¡único amor de mi alma, dadme a conocer lo que me inquieta!”. Luego fui a la oración, el divino Salvador se me presentó  todo cubierto de llagas, y me dijo:

“Mira la llaga de mi Sagrado Costado, que es un abismo sin fondo, abierto por una flecha inmensa: la del amor. Si quieres evitar ese abismo que te lamentas no poder conocer, es necesario te pierdas en este, donde se evitan todos los otros; es la morada donde aquéllos que le aman, encuentran dos vidas: una para el alma y otra para el corazón. El alma encuentra la fuente de aguas vivas para purificarse y al mismo tiempo recibir la vida de la gracia que el pecado le había quitado. El corazón encuentra un horno de amor. Allí se santifica la una y se consume el otro. Pero como su abertura es muy estrecha hay que hacerse pequeño y desnudarse de todas las cosas para poder entrar.”

¡Sitio! Sed del Sagrado Corazón

Terminemos con el último rasgo  de estas revelaciones que el Corazón de Jesús ha hecho de su amor. “Una vez me dio a entender:

“Que Él agradecería pasar cincuentena días sin beber, para honrar la ardiente sed que su Sagrado Corazón ha experimentado siempre por la salvación de los pecadores y la que sufrió en el árbol de la Cruz”

¡Oh, admirable, adorable y amable sed del Corazón de Jesús!¡Sed de amor!¡Ojalá, pudiéramos comprender sus misteriosos ardores y gustar su suavidad inefable!¡Ojalá, pudiéramos, sobre todo, imitarle!¡Dichosas las almas que tienen sed de amar y de hacer amar a Jesús y ser amadas de Él!

Del libro El Reinado del Corazón de Jesús(tomo 1), escrito por un P. Oblato de María Inmaculada, Capellán de Montmartre. Publicado en Francia en 1897 y traducida por primera vez al Español en 1910.